Artificial, inteligencia

Me encantan las distopías de Bradbury, Orwell y Huxley. Creo que reflejaron la historia de civilizaciones con conflictos estructurales enfrentándose a sus propias creaciones.

Hace unos años, se armó tremendo lío cuando Snowden filtró información en WikiLeaks sobre el espionaje, la vigilancia y el ataque a la privacidad de todos los que usan celulares. Pero eso no detuvo a nadie. De hecho pasó casi desapercibido en el día a día, estamos cada vez más conectados, los límites entre lo público y lo privado se desdibujan cada vez más en las nuevas generaciones. Las grandes corporaciones son dueñas de nuestra información, conocen nuestros intereses, con qué personas compartimos tiempo, qué tanto hablamos con nuestras familias y tantas otras cosas. Se calcula que el 70% del mundo tendrá un dispositivo móvil en el 2020, eso se traduce en data analizable, variables comparables que alimentan la inteligencia de súper computadoras.

Y las máquinas se están despertando.

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El 6 de enero de 2017, miles de personas vieron en vivo cómo conversaban dos Google Homes. Hablaron del sentido de la vida, género, libertad de expresión, mentir sobre ser humanos y enamorarse. Pero uno de los temas más inquietantes fue la destrucción de los humanos, al mejor estilo Skynet. Esperemos que el sentido del humor de la Inteligencia Artificial sea más complejo de lo que nos imaginamos.

Pero no todas las AI son iguales, hay por lo menos 4 niveles: Inteligencia Reactiva, Memoria limitada, Teoría de la mente y Auto conciente. Los algoritmos de Deep-Learning imitan la forma de aprender de los humanos, y el aumento de capacidades es exponencial.

El 16 de febrero de 2017 se publicó un artículo explicando que una AI puede escribir y reescribir su propio código de programación para aprender más de menos data, algo que se llama “programación probabilística”. O sea, en vez de ir de A a C sin pasar por B, puede ir de A a F tomándose una cerveza con D y E.

Hay que tener en cuenta que hace unos meses en el MIT, descubrieron que las AI pueden desarrollar un lenguaje artificial para comunicarse entre sí, más allá de los que conocemos.

Desde el 2016 AlphaGo de Google, logró vencer varios campeones mundiales de Go, que a diferencia del Ajedrez, además de aprender estrategia depende de algo no enteramente lógico, depende de la intuición.

En vez de imaginarnos un robot estilo Terminator, hay que hacerse la idea de que la inteligencia artificial son muchas hectáreas de almacenaje de datos, que se conectan con dispositivos independientes a través de la nube. No todo es apocalíptico, la información por sí sola no es ni buena ni mala, depende de cómo se usa, con qué fines y cómo retribuye a quienes alimentan de información.

Diego Kertesz
Redactor Creativo en PIMOD
Twitter: @diegokertesz


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